Un melón es una fruta suntuosa. Hermoso y delicadamente dibujado por fuera, un melón maduro no mayor que una naranja puede llenar todo un salón con su fragancia. Por dentro, fresco y lleno de zumo, se ofrece para apagar la sed y nos obsequia con una sensación delicada, como la de comer nieve. Los árabes dicen que en los melones hay una bendición: "Quien se llena el vientre de melones, se llena de luz".
La dulzura de los melones, acanalados y decorados con dibujos como de encajes, fue uno de los aportes que hicieron a España los moros, que a su vez los habían recibido de Persia o del corazón de África, ya que tanto Oriente Medio como África reclaman para sí el título de cuna de esta fruta dulce como la miel, que ha sido llamada "la obra maestra de Apolo" y celebrada por ser tan benéfica como el propio sol. Los melones aparecieron en Francia hacia fines del siglo XV, recibieron elogios extravagantes y en la Corte se consumían en cantidades asombrosas. Presentados en forma de pirámides y montañas, "como si fuera necesario comer hasta hartarse, y cada uno de los presentes debía comerse una docena", se comían con abundantes libaciones de vino moscatel.
Por aquel entonces, naturalmente, los melones no eran mayores que nuestras naranjas, pero con el paso de los siglos, el cultivo ha permitido que mejoren en tamaño y variedad.
MELONES MOSCADOS
Lo más probable es que el melón moscado fuera la variedad que consumían los antiguos, quienes lo servían espolvoreado con almizcle en polvo para destacar el sabor. Los melones moscados o de Castilla se reconocen por su nítido relieve en forma de red, que puede ser grueso como un tejido de ganchillo o delicado como un encaje. Normalmente vienen marcados por nítidos surcos que los segmentan, la piel es verde o amarillo-naranja y la carne va del verde al rosado salmón.
CANTALUPOS
He aquí uno de los tipos de melón más aromático. Tiene la corteza marcada y rugosa, y es generalmente de carne anaranjada pálida, rica y jugosa. Los franceses prefieren cultivar este tipo, especialmente la variedad Charentais, de un naranja profundo, carne débilmente aromática, aunque continuamente se van introduciendo nuevos híbridos. También los melones Ogen de Israel, de carne amarillo pálido y piel lisa son híbridos de esta variedad.
MELONES DE INVIERNO
Son lisos y de cascara poco marcada, y menos aromáticos que los melones moscados y los cantalupos. Las principales variedades son la Casaba, de forma de cebolla, gruesa piel de color amarillo dorado y carne que va del blanco cremoso al dorado; el Cranshaw, de piel verde-dorada y pulpa aromática de color salmón, y el universalmente conocido Honeydew, verde pálido o amarillo por fuera y de carne delicadamente verde.
Cómo comprar melones Sea cual fuere el tipo que se elija, la compra debe ajustarse a ciertas reglas. Hay que elegir melones firmes y llenos, fijándose en que la cicatriz del tallo sea nítida (un corte áspero indica que el melón fue recogido antes de estar totalmente maduro). Los melones moscados no deben presentar manchas sin dibujo, signo de que el fruto sufrió una detención durante su desarrollo. Hay que rechazar cualquiera que sea blando y muestre cicatrices o magullones húmedos en la corteza. También es mala señal que el tronco haya empezado a pudrirse, pero unas ligeras rajaduras en el tallo son signo de madurez. Si se presiona suavemente en el extremo de la flor, los cantalupos y los de invierno deben sentirse levemente elásticos al tacto.
Si es posible sacudir el melón antes de comprarlo y se oye un ruido como de chapoteo, significa que está demasiado maduro y es posible que haya empezado a echarse a perder. Todos los melones deben parecer pesados para su tamaño y, lo que es más importante, de un melón maduro debe emanar su agradable y dulce aroma característico.
Cómo almacenar los melones
Lo mejor es hacerlo en un lugar fresco y ventilado, un poco tibio si uno sospecha que les falta madurez. Cuando se considere que el melón está a punto para comerlo, y si no se quiere que impregne con su aroma toda la nevera, hay que ponerlo a enfriar en una bolsa de plástico bien cerrada.
Cómo servir los melones
Aunque las variedades más aromáticas van muy bien sin condimento alguno para postre, el melón se puede servir en ensalada, con hojas de menta fresca y un aderezo de aceite y limón; con naranjas y berro, o con apio y cebolla finamente picados y acompañado con aceitunas y mayonesa. La mezcla puede parecer rara, pero responde a una antigua tradición: una lista de ingredientes para una ensalada del siglo XVI ya incluía el melón, como también ideas para comerlo con sal y pimienta.
El jengibre molido, mezclado a veces con azúcar, ha tomado el lugar de la pimienta -que a su vez había desplazado al polvo de almizcle- como condimento habitual del melón. Los golosos suelen servirlo con azúcar, ya que incluso el melón más dulce ve realzado su sabor con él, pero echar oporto u otro vino aromático en la fragante cavidad de un melón es un error, porque ambos resultarán arruinados. Una fragante tajada de melón, presentada sobre su propia corteza tras haberla separado de ella con un cuchillo afilado, y servida con delgadas y traslúcidas rebanadas de jamón es una de las entradas más deliciosas. Los franceses solían presentar los melones exclusivamente como entrada: por lo general, cantalupos entriados, cortados por la mitad y servidos sobre un lecho de hielo picado, pero a veces, en el caso de las variedades más grandes, en tajadas, con la carne ya cortada y dispuesta nuevamente sobre la corteza.
Actualmente los melones han ocupado el lugar que les corresponde en los postres, se encuentran en ensaladas de fruta, mezclados con un surtido de frutas frescas, cortados en dados junto con uvas o pasas de Corinto, o bien en forma de helados y sorbetes, hechos con zumo de naranja y de limón y servidos, si es posible, con fresas silvestres. Como es natural, los mejores melones no necesitan aderezo alguno pero se puede preparar una refrescante ensalada de melón con bolitas o cubitos de melones anaranjados, blancos, verdes y escarlatas, azucarados y enfriados: una fiesta para el ojo, y para el paladar una oportunidad de distinguir sabores delicadamente diferentes.
SANDÍAS
Las sandías de tamaño mucho mayor que los melones, y de forma oblonga o redonda, son una especie completamente diferente, originaria de África tropical y de la India.
Las sandías redondas y pequeñas, que van de 2,5 a 4,5 kg, y son de carne roja y dulce y semillas negras, pueden tener la corteza de un verde oscuro, con una especie de polvillo blanco, como la común, o bien presentar franjas sobre un fondo de un color verde más claro, como la adecuadamente llamada Tigre. Pero las más corrientes son las sandías grandes, esféricas u oblongas, que suelen venderse en porciones, y que generalmente, debido a su gran contenido en agua, son de carne mucho más pálida que las variedades pequeñas.
Cuando se compra una sandía hay que fijarse en que conserve el polvillo sobre la corteza y en que el punto que descansaba sobre la tierra sea de un color ambarino y nunca verde ni blanco. Al golpearla debe sonar a hueco. Si se compra en porciones, la carne no debe presentar fibras visibles ni tener vetas blancas y duras.
La sandía se come generalmente en rodajas o como parte de una ensalada de fruta.